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Por el planeta

Una creciente cantidad de evidencia científica muestra que aumentar el consumo de vegetales y reducir el consumo de alimentos de origen animal disminuye significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero, la sobreutilización y el desgaste de tierras cultivables, la deforestación y el derroche y contaminación del agua. En el último informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) se describe la transición hacia dietas compuestas principalmente por alimentos vegetales como una gran oportunidad para mitigar el cambio climático.

14,5 % de los gases de efecto invernadero producidos por los seres humanos están relacionados con la ganadería.

En Argentina, se ha estimado que la reducción de alimentos de origen animal en la dieta habitual de toda la población podría disminuir las emisiones de GEI asociadas al patrón alimentario hasta un 73 %, comparando con el patrón alimentario actual.

83 % de la tierra cultivable del planeta se destina a la producción de carnes, huevos y lácteos

Esta producción sólo proporciona el 18 % de las calorías consumidas a nivel mundial.

Argentina se encuentra entre los tres principales países con mayor uso de tierras para cultivos destinados a alimentación, en gran parte por el alto consumo de alimentos de origen animal.

Una alimentación saludable sin carne podría reducir nuestra huella de agua hasta un 55 %.

La agricultura asociada a la producción de alimentos de origen animal es uno de los sectores que más contamina las fuentes de agua y representa el 92 % de la huella de agua dulce relacionada con el consumo en el mundo.

Entre 2010 y 2015,  la tasa de deforestación en América Latina y el Caribe fue de 2,2 millones de hectáreas por año.

La expansión de los cultivos forrajeros a expensas de ecosistemas naturales, como el Amazonas o el Cerrado en Brasil y el Chaco en nuestro país, es una de las principales causas de degradación de las tierras y se relaciona directamente con la pérdida de biodiversidad.